El calzado veraniego, en el origen de la fascitis plantar - iQtra Medicina Avanzada

El calzado veraniego, en el origen de la fascitis plantar

Publicado el 06.06.18 en Podología por iQtra

¿ES EL BUEN TIEMPO EL TALÓN DE AQUILES DE NUESTROS PIES?

  • Podólogos y fisioterapeutas aconsejan elegir bien el calzado y preparar nuestros pies antes del verano para evitar lesiones
  • El dolor en la planta del pie es uno de los motivos de consulta de podología más frecuentes a la vuelta de las vacaciones estivales

 

El uso de calzado típicamente veraniego -chanclas, sandalias y zapatos con poca sujeción- incrementa el riesgo de sufrir fascitis plantar y otras patologías que pueden causar dolor, no sólo en los pies sino también en la rodilla, la cadera o la espalda. Los equipos de Podología y Fisioterapia de iQtra Medicina Avanzada aseguran que el número de pacientes con estos síntomas se incrementa notablemente al final del verano.

 

La fascitis plantar se produce por un exceso de tensión en la banda que une el tobillo con la base de los dedos del pie, la fascia plantar. El dolor en la planta -que junto a la rigidez en la parte inferior del talón es el síntoma más frecuente- puede llegar a ser debilitante si no se pone remedio. Junto a las metatarsalgias y las lesiones dérmicas -callos, durezas-, está entre los motivos de consulta más frecuentes al podólogo al final del verano.

 

Según Santiago Antón, especialista en Podología Deportiva y Biomecánica de la clínica iQtra Medicina Avanzada, “la mejor arma contra la fascitis plantar es la prevención, y elegir un buen calzado es clave. El calzado más apropiado ha de aportar sujeción al pie y tener la máxima amortiguación en la suela, que no debe tener un diseño excesivamente irregular que obligue a cambiar la pisada.

 

Las chanclas o las sandalias no están diseñadas para caminar largas distancias, y su uso debe ser limitado y alternarse con otros tipos de calzado que protejan mejor al pie. Así lo apunta Luis García López, coordinador del equipo de Fisioterapia y Osteopatía de iQtra Medicina Avanzada: “Con las chanclas o sandalias planas, los dedos están en constante tensión para no perder el calzado en cada pisada, y esa sobrecarga constante de la fascia reduce su elasticidad, provocando rigidez y, consecuentemente, generando una inflamación. Por eso, todo calzado abierto debe tener una cincha o tira en la parte del talón y no ser totalmente plano”.

 

Caminar descalzo por la arena nos obliga a cambiar la pisada continuamente.

Asimismo, al correr o caminar descalzo de forma prolongada por la arena de la playa se realiza un mayor esfuerzo para adaptar la pisada continuamente a un terreno que no sólo es irregular sino que además carece de firmeza: “Relacionamos los paseos por la playa con una idea de bienestar y salud, pero es importante que elijamos para esta actividad la arena húmeda, que proporciona una superficie más plana y más estable. Aún así, dado que estos paseos suelen ser frecuentes y de larga distancia, lo recomendable es hacerlo con un buen calzado deportivo”, aconseja el podólogo Santiago Antón.

 

No sólo los hábitos playeros son los que hacen que se incremente el número de pacientes afectados por la fascitis plantar, las metatarsalgias, la bursitis, y lesiones musculares derivadas de una contractura o una dilatación del pie por el calor. El uso prolongado de sandalias de tacón alto, superior a los 5 centímetros, están detrás de muchos de estos casos. “Cuando no hay alternativa y se ha de lucir el taconazo, el más llevadero es el que tiene cuña en la parte delantera de la sandalia o una barra metatarsal para descargar peso sobre las cabezas de los metatarsos y los dedos. Si la sandalia no lo incluye, un zapatero profesional se lo puede poner”, apunta el fisioterapeuta de iQtra Luis García López.

 

Según explican los especialistas de iQtra Medicina Avanzada, hoy en día existen muchos recursos para tratar una fascitis plantar con éxito. Un estudio de la pisada y la marcha por parte del podólogo puede determinar la necesidad del uso de plantillas personalizadas. Los fisioterapeutas pueden diseñar un programa de ejercicios para poner en equilibrio todas las estructuras que forman el pie y las líneas de fuerza que llegan a él. Además, técnicas como la electrólisis percutánea ecoguiada o la diatermia profunda con radiofrecuencia están dando muy buenos resultados y, en casos muy resistentes al tratamiento, a nivel médico se pueden realizar infiltraciones locales ecoguiadas o cirugía mínimamente invasiva. Sin embargo, lo más recomendable es prevenir, y estas son sus recomendaciones:

  • Elegir un calzado que aporte sujeción, amortiguación y curvatura
  • Tratar en el podólogo las lesiones dérmicas del pie antes del cambio de calzado, ya que rozaduras, callos o durezas obligan a modificar la pisada y someter al pie a excesiva tensión
  • Trabajar la movilidad, la flexibilidad y la propiocepción con ayuda del fisioterapeuta para fortalecer y entrenar el pie
  • Alternar diferentes tipos de calzado a lo largo del día
  • Realizar un automasaje en la planta y los dedos del pie tras el ejercicio
  • Favorecer la circulación sanguínea descansando los pies en alto y con la aplicación de frío local después de correr o caminar